La Guajira, donde termina Colombia

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En estos 5 días que he pasado en la Guajira he aprendido mucho de la cultura Wayuu, sobre sus costumbres y he descubierto algunas cosas curiosas que no conocía. En las lenguas indígenas se usa el nombre “Wajiira“, la cual es una asimilación del nombre castellano. En lengua wayuunaiki se usa en su contexto étnico el nombre Woumain o Wajiiramuin lo que traduce como “Nuestra Tierra”.

Lo primero que me sorprendió en mi viaje hasta Riohacha, capital de la Guajira, es la rapidez con que se pasa de los bosques tropicales húmedos de la Sierra Nevada y del territorio Tayrona a un desierto, en apenas un suspiro, te echas una cabezada y –literalmente- te duermes rodeado de selva y te despiertas rodeado de cactus.

Riohacha es la capital del departamento de la Guajira, recibe su nombre debido a que los españoles encargaron a un indígena wayuu encontrar un mejor lugar para levantar una ciudad. El primer lugar escogido fue el Cabo de la Vela, pero la dificultad de conseguir agua hizo que buscaran una alternativa. El indígena, al proponer el lugar donde el río Ranchería desembocaba en el mar Caribe fue premiado con una hacha, razón por la que la ciudad recibió el nombre de Riohacha.

Por lo que nos contó nuestro guía Rubén, descendiente de wayuus, la Guajira fue siempre ha sido un lugar lejano e inhóspito, a la que escasamente ha llegado la mano del gobierno central. Una zona propicia para los contrabandistas, que introducen todo tipo de mercancías más baratas desde la vecina Venezuela. Uno de los grandes recursos de la región es el contrabando de gasolina. De hecho, nuestra primera parada saliendo de Riohacha fue precisamente para llenar el deposito en una de estas “gasolineras” ilegales y proveemos de gasolina suficiente para llegar hasta Urubia.  Rubén nos contó que hace algún tiempo esto se hacia abiertamente, sin esconderse, pero que desde un tiempo hasta esta parte y debido al control que están haciendo las autoridades ahora se tienen que esconder para que no les confisquen la gasolina de contrabando que traen desde Venezuela, aunque todo el mundo sabe, es de dominio publico, donde y quienes son los que venden la gasolina de forma ilegal.

En los aproximadamente 50 minutos que dura el viaje hasta Uribia, Rubén nos empezó a desgranar algunas  de las costumbres wayuu. Por ejemplo, que entre los wayuu esta aceptado que un hombre pueda tener más de una esposa.  Las mujeres wayuu no pueden elegir a su futuro esposo, al igual que en otras culturas como la hindú, el esposo es designado por la familia, que tiene pagar una dote que suele consistir en cabras, burros, joyas, y/o dinero a la familia de la chica para poder casarse con ella. La diferencia de edad entre los esposos tampoco es un problema a la hora de casarse, entre la cultura wayuu esta culturalmente aceptado que un hombre de edad avanzada pueda casarse con una chica 20 o 30 años menor que él. Ven como algo normal por ejemplo que un hombre de 40 o 50 años este casado con una chica de 16 o 17 años.

Llegamos hasta Uribia, capital indígena de Colombia. Llenamos de nuevo el deposito, aquí la gasolina es más barata que Riohacha. Al contrario que en la capital, en Urubia la venta de gasolina se hace a plena luz del día, nadie se esconde. Las calles están llenas de  vendedores ambulantes, la gasolina se vende en cualquier tipo de envase que sirva para transportarla, bidones, botellas de litro y medio cualquier recipiente es valido para almacenar gasolina.

Dejamos Uribia y nos dirigimos a Manaure también conocida por ser uno de los lugares más importantes de extracción de sal marina en la Guajira. Rubén nos cuenta sobre el proceso de extracción de la sal y continuación ponemos rumbo al Cabo de la Vela por una pista de tierra en buen estado que circula en paralelo a la línea de ferrocarril por donde se lleva carbón desde las minas de Cerrejón hasta Puerto Bolívar y después los últimos kilómetros por pistas de arena y barro donde los cactus cardones y las tunas alcanzan alturas considerables. Es el desierto de la Alta Guajira, el paisaje más impactante. El territorio de los wayuu, los indígenas de La Guajira. Un pueblo nómada que vive desde hace siglos en estos desiertos pastoreando sus chivos, pescando en las aguas del Caribe y moviéndose de un lado para otro en busca de la lluvia, que almacenan en unos pozos llamados jagüeyes, porque en esta tierra hostil no existe agua en superficie.  En nuestro camino nos encontramos varios niños que cortan la carretera intencionadamente con una cuerda y que no te dejan pasar a no ser que no pagues un tributo, generalmente en dulces, para dejarte pasar.

Tres horas después, aparece Cabo de la Vela, un villorrio de humildes ranchitos y una única calle al estilo del viejo Oeste. Hay tendido eléctrico, así que la poca iluminación que existe es a base de generadores eléctricos. Tampoco hay agua canalizada, toda la que se consume llega en camiones cisterna desde Riohacha a precio de Dom Pérignon. Nuestro alojamiento en el Cabo de la Vela es modesto, nuestra primera noche en la Alta Guajira la pasaremos en un chinchorro hechos por indígenas wayuu. Tejer a mano una hamaca como esta supone de dos a seis meses de trabajo artesanal, lo que las convierte en verdaderas obras de arte.

Antes de la cena, Rubén nos lleva hasta el cerro del Pilón de Azúcar o Cerro Kamachi.En la cima del Pilón de Azúcar hay una imagen de la virgen y desde ahí se obtiene la mejor vista del desierto de la guajira y del área conocida como Cabo de la Vela, desde este punto se observan los cambios de colores del agua del mar, las diferentes tonalidades del desierto así como los contrastes que generan algunas lagunas y vegetación con este desierto, el cerro de un lado y del otro, una playa de arena suave y el agua transparente que va del verde al azul claro. Precioso. Sin duda alguna este es un sitio obligado para visitar a cualquier persona que venga a la Guajira. Luego nos acercamos hasta la Playa del Ojo del Agua unas calas de mediano tamaño y arenas doradas orladas por acantilados resecos de gran belleza. Allí junto a la Isla de la Tortuga puede disfrutar de mi primer atardecer en la Guajira, un maravilloso atardecer lleno de colores y adornado de un paisaje inigualable. La noche se nos echa encima pero antes de volver a la rancheria decidimos hacer otra parada más en el Faro del Cabo de la Vela para tomar las ultimas fotos antes de que termine el día.

Al mañana siguiente, la primera salida del día antes de llegar a Punta Gallinas fue a las Dunas de Taroa, cerca de 7 kilómetros de arena rojiza, la cual muere en el mar en forma de dunas.  El desierto de la Guajira es mayormente de piedra café y rojiza, pero en las dunas de Taroa se convierte en  un pequeño desierto de arena desde donde se ve el contraste con el desierto de piedra. Nos acercábamos a nuestro destino: Punta Gallinas, en el camino pudimos observar los paisajes de Bahía Portete y Bahía Honda. Por fin llegamos hasta el Faro de Punta Gallinas, el extremo norte del continente. Aprovechamos para contemplar por un instante esta playa, estábamos parados en el último pedazo de tierra de Sudámerica, estando allí era inevitable no pensar en Ushuaia.  En una ranchería de Bahía Hondita pasamos nuestra última noche en la Alta Guajira, rodeados de manglares, el  único sonido era el balido de la cabra ocasional y el ruido del viento constante. 

Amanece nuevo día en la Alta Guajira, es el momento de las despedidas, es hora de regresar a la civilización. El resto de mi grupo se regresa directamente a Santa Marta yo decido quedarme unos días en Riohacha y así poder visitar a la mañana siguiente el Parque Nacional Natural Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos ubicado en la Boca de Camarones.

Aprovecho la tarde para recorrer Riohacha, no hay mucho que se pueda ver. El muelle turístico y el malecón son los principales atractivos de esta cuidad. En la playa del malecón algunos pescadores arreglan su aparejos de pesca mientras que otros tienen montada una improvisada lonja de pescado donde venden las capturas del día. La cuidad esta tranquila,  hoy es domingo y apenas hay gente por la calle, solo algunas personas en las terrazas del malecón disfrutando de un refrescante jugo mientras sopla una suave brisa.

A la mañana siguiente me dirijo a hasta la Boca de Camarones.  Lo primero que me sorprendió fue la gran biodiversidad que se puede fácilmente observar, sobre todo teniendo en cuenta que  la Guajira está constituida por un terreno que en su mayoría es árido y agreste. Me encontré con un suntuoso punto intermedio en el que la confluencia del agua salada con la dulce compone un ecosistema muy particular. Un inmenso valle drenado por varios arroyos conforma un sistema de lagunas poco profundas y ciénagas en donde se instalan varias especies de mangle, bosque seco tropical y que alberga desde osos hormigueros, venados, tigrillos, diversas especies de peces, moluscos, hasta por supuesto, los famosos flamencos. Laguna Grande es el nombre que recibe parte de este ecosistema costero y es donde se instala la sede de Parques Nacionales Naturales, destinada a la conservación y cuidado del lugar. El parque fue declarado Patrimonio Nacional y Cultural de Colombia en el año 1992 y es uno de los pocos lugares en el caribe colombiano en ofrecer refugio a los flamencos.

Para hacer un recorrido el mejor plan es contactar a alguno de los lancheros wayuus para navegar por encima del escaso metro de profundidad que tienen las quietas aguas de la ciénaga. Él, con ayuda de un palo de dos metros y una vela elaborada a base de costal, emprenderá un recorrido de una hora en búsqueda de los flamencos. Luego de estar un par de horas adentrándonos en la laguna logramos divisar un pequeño grupo de flamencos, muy esquivos, que cuando intentamos acercarnos emprendieron el vuelo y no permitieron que hiciéramos unas buenas tomas de su majestuosidad.

En esta área protegida viven alrededor de 1.000 personas, muchas de las cuales pertenecen a la etnia wayuu y derivan parte de su alimento de la pesca artesanal en estas lagunas y en el mar. Esta pesca es estacionaria, pues depende de las lluvias. El resto del año las personas se concentran en el ganado y en algunos escasos cultivos. El agua es parte central de la vida de estas personas, no solo para pescar sino para transportarse son muy importantes los botes, los cuales, junto a sus pescadores componen este hermoso paisaje enmarcado entre las montañas y el desierto.

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Un comentario en “La Guajira, donde termina Colombia

  1. A mí me encantó la forma sutil que tienen los wuayus de vender artesanía, entre intimidación e insistencia silenciosa.
    Como veo que conoces bien la Guajira, ¿no te suena la foto del primer baño??

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