El trampolín de la Muerte

 

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El viaje desde Pasto hasta Mocoa ha sido uno de esos viajes de los tardare mucho tiempo en olvidar.

Muchos viajeros y mochileros presumen de haber pedaleado por la carretera más peligrosa del mundo, el trayecto entre La Cumbre y Yolosa en Bolivia, también conocida como la “Carretera de la Muerte“. Los llevan en furgoneta hasta la cima, les dan refrescos y comida por el camino y reciben una camiseta conmemorativa de la gran hazaña.  Sin embargo, Latinoamérica está llena de carreteras peligrosas y una de ellas es sin lugar a dudas el famoso “Trampolín de la Muerte“.

Cargamos las mochilas en el jeep, nos aprovisionamos de bebidas y algunos dulces para el camino  y empezamos nuestro viaje desde Chachagüí  hacia la Laguna La Cocha. Rodeamos la laguna hasta llegar a un páramo en medio de la nada, este páramo es el que  separa los Departamentos de Nariño y Putumayo. Después de algunos kilómetros de descenso llegamos hata el Valle de Sibundoy.  En Santiago hacemos una pequeña parada para comer.  Después de comer unos cuantos kilómetros por el valle hasta San Francisco nos dan un respiro antes de iniciar de nuevo el ascenso por la ruta conocida como “El Trampolin de la Muerte“,  a partir de aquí nos esperan 80 kilómetros de carretera de montaña a través de la cordillera de los Andes. Se acaba el asfalto y empieza la carretera de tierra y el ascenso. En la primera parte del ascenso las vistas del valle del Sibundoy son increíbles. Hacemos varias paradas para tomar fotos, la carretera esta sin asfaltar es estrecha y esta llena de precipicios por lo que no vamos a más de 30-40 kilómetros por hora.

Llegamos a la parte más alta y empezamos a descender. Al cabo de un rato nos damos cuenta de que la belleza de la ruta tan sólo estaba comenzando. Las montañas se hacen más grandes, la carretera más estrecha y los precipicios… bueno mejor ya no pensar en ellos. Empezamos el ascenso al segundo puerto, por el camino nos cruzamos con varios camiones y  varias busetas de Transipiales que bajan a toda velocidad.  Julián y yo nos miramos el uno al otro y nos damos crédito a lo que estamos viendo.  Los paisajes son realmente hermosos.  Después de varios kilómetros en ascenso continuo llegamos a la cima. A partir de aquí y hasta que lleguemos a Mocoa la ruta es toda en descenso.  Por el camino la niebla se nos echa encima,  apenas se ven unos pocos metros delante de nosotros. El descenso es muy lento, ya que nos encontramos con muchas curvas cerradas. Hay muchos lugares para parar y sacar la cámara, hay cascadas por doquier.  Después de casi 5 horas de viaje llegamos a Mocoa.

Este día ha sido una experiencia increíble que difícilmente olvidare, de esas que se pueden contar una y otra vez en la barra de un bar a los amigos.

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